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By Max Planck

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Si el alcance de la ciencia física queda limitado simplemente a la descripción de las experiencias sensoriales, nuestras propias experiencias tendrán que constituir estrictamente el único objeto de la descripción, pues sólo ellas son datos primarios. Se comprende que sobre la base de un mero complejo individual de experiencias, el individuo más inteligente sería incapaz de constituir un sistema científico comprensivo. Así, nos enfrentaremos ante la alternativa de renunciar a la idea de una ciencia comprensiva, cosa difícilmente aceptable incluso por los positivistas más convencidos, o admitir una transacción y permitir que la experiencia de los demás contribuya a formar los fundamentos del conocimiento científico.

Pero el caso queda lógicamente excluído, pues los ojos más penetrantes son incapaces de verse, al igual que un instrumento de trabajo no puede actuar sobre sí mismo. El objeto y el sujeto de un acto de conocimiento jamás pueden ser identificados. Así, sólo es posible hablar de acto de conocimiento cuando el objeto que va a ser conocido no es influído por la acción del sujeto que inicia y realiza dicho acto. Por tanto, la cuestión de si la ley de causalidad es aplicable en 111 este caso, o si es un contrasentido aplicarla a la acción de la propia voluntad, es algo así como si alguien se preguntase si podría elevarse por encima de sí mismo o correr tras de.

Hay que considerar, pues, a los rayos N como datos reales primarios, algo que directamente fué percibido por un hombre. Y si desde los tiempos de Blondlot y su escuela nadie ha conseguido 83 reproducidos, no existe razón para negar —al menos desde el punto de vista positivista— que algún día, bajo alguna especial circunstancia, se hagan nuevamente apreciables. Siguiendo este criterio positivista tenemos que convenir en que el número de investigadores cuyos hallazgos son de valor para la ciencia física, es realmente muy reducido.

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